Afeitar
Eso que buscaba era el sinsentido. La pieza que caotizaba de un modo hermoso todos los rompecabezas que dibujaba en su mente, y sobre los cuales sentía que no lograba jamás armar algo coherente, se acomodaban más acá o más allá de la razón después de un acto sin sentido. Y de pronto se levantó, y se fue a afeitar. Lo curioso es que no tenía barba.