Abandonada a sí misma
Catorce sillas había en aquel lugar. Por decisión de los rayos del sol se las podía ver únicamente a contraluz, dificultándose distinguir más allá de sus contornos y espesores. Entre todas, una llamaba la atención por motivos aún poco claros.
Era de madera, se la veía firme. Conservaba en su tridimensionalidad las características de casi toda silla. Cuatro patas dispuestas por pares a cada lado y conectadas entre sí por un asiento, que desbordaba moderadamente unos centímetros hacia los costados y se veía espeso, como con ancho propio. Otorgaba la sensación de buen asiento y confiable. Ni bien se terminaba de divisar esto, empezaba el respaldo. Si bien en su nacimiento este no abarcaba todo el largo del desborde del asiento, en su desarrollo hacia arriba dejaba ver, en la parte superior, un arco que lo completaba y daba una sensación de armonía respecto de la ubicación de las patas, y con la idea amplia de la silla. No obstante, vista de frente dejaba ver un detalle mínimo, pero que también hacía a su distinción. Tenía la pata delantera derecha un poco más gorda que la izquierda. Y listo. Ni muy hermosa, ni muy fea, más bien en el medio.
Aparentemente alguien decidió llevarla, o tal vez fue la propia silla la que tomó la decisión de dejarse llevar. A veces es difícil precisar esas diferencias sutiles. De todos modos ahora, estaba compartiendo mesa junto a otras dos sillas. La mesa era larga y tenía cuatro patas. La estructura era la de una silla muy grande, pero sin respaldo. También de madera. La mesa era esa cosa que al mirarla, hacía a un@ perder el foco de las sillas, y hacía mirar los platos, los vasos.
Por las noches, la silla revelaba algo más, si se la miraba sin que se diera cuenta. Es que cuando nadie la veía, se recostaba en el piso y se tapaba con la oscuridad. Y en eso, se sacaba con cuidado un taquito de madera de la pata izquierda de atrás, que la ayudaba a conservar el equilibrio, y a verse balanceada. Y así se iba a dormir. Así, dividida. Como todos.
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Interpretación de http://lamismailustra.blogspot.com/2018/05/abandonada-si-misma.html
Era de madera, se la veía firme. Conservaba en su tridimensionalidad las características de casi toda silla. Cuatro patas dispuestas por pares a cada lado y conectadas entre sí por un asiento, que desbordaba moderadamente unos centímetros hacia los costados y se veía espeso, como con ancho propio. Otorgaba la sensación de buen asiento y confiable. Ni bien se terminaba de divisar esto, empezaba el respaldo. Si bien en su nacimiento este no abarcaba todo el largo del desborde del asiento, en su desarrollo hacia arriba dejaba ver, en la parte superior, un arco que lo completaba y daba una sensación de armonía respecto de la ubicación de las patas, y con la idea amplia de la silla. No obstante, vista de frente dejaba ver un detalle mínimo, pero que también hacía a su distinción. Tenía la pata delantera derecha un poco más gorda que la izquierda. Y listo. Ni muy hermosa, ni muy fea, más bien en el medio.
Aparentemente alguien decidió llevarla, o tal vez fue la propia silla la que tomó la decisión de dejarse llevar. A veces es difícil precisar esas diferencias sutiles. De todos modos ahora, estaba compartiendo mesa junto a otras dos sillas. La mesa era larga y tenía cuatro patas. La estructura era la de una silla muy grande, pero sin respaldo. También de madera. La mesa era esa cosa que al mirarla, hacía a un@ perder el foco de las sillas, y hacía mirar los platos, los vasos.
Por las noches, la silla revelaba algo más, si se la miraba sin que se diera cuenta. Es que cuando nadie la veía, se recostaba en el piso y se tapaba con la oscuridad. Y en eso, se sacaba con cuidado un taquito de madera de la pata izquierda de atrás, que la ayudaba a conservar el equilibrio, y a verse balanceada. Y así se iba a dormir. Así, dividida. Como todos.
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