Avioncito de papel II
* Interpretación de Segunda entrega Papier d'appel
Lo cansado que podía llegar a estar tu antifaz por las noches reflejaba el miedo de tu espíritu a andar desnuda de día. Todavía recuerdo cuando me lo dijiste en sueños. Eras negra, y sostenías el antifaz blanco de lo que no eras. Cuando abrías los ojos, el antifaz los cerraba, y tus ojos, no sé por qué, me miraban a mí. Y permanecías así, negra, con ojos blancos y rodeada de azul.
Cuando descansabas la mirada y cerrabas los ojos, el antifaz los abría. Pero la mirada del antifaz era otra cosa. Contrastaba con la serenidad de tus ojos cerrados.Y al yo ser visto por esos ojos, ustedes -el antifaz y vos- me hacían partícipe de una escena que no entendía, y que al día de hoy se me sigue apareciendo en parte como un enigma.
Fue tal la impresión que me generó esa escena que cuando me desperté, salí a caminar por horas, cabizbajo, fuera del tiempo y a ningún lado. Pero eso no es todo, porque cuando agoté mis ideas para entenderte y me senté en el umbral, cansado y solo, lo vi. Vi al antifaz: tenía la forma de un avioncito de papel, con pliegues, igual al del sueño. Y creí que eras vos, al punto tal de aferrarme a él como nunca lo hice antes.
Hasta que vi que tu ojos no estaban ahí, ni abiertos ni cerrados, y entendí que no eras vos y que ya no volverías. En ese momento reemprendí mi caminata lenta, perdida, y mirándome los pies para no tropezarme otra vez con mis piernas, pero fundamentalmente con tu imagen. Solo.
Lo cansado que podía llegar a estar tu antifaz por las noches reflejaba el miedo de tu espíritu a andar desnuda de día. Todavía recuerdo cuando me lo dijiste en sueños. Eras negra, y sostenías el antifaz blanco de lo que no eras. Cuando abrías los ojos, el antifaz los cerraba, y tus ojos, no sé por qué, me miraban a mí. Y permanecías así, negra, con ojos blancos y rodeada de azul.
Cuando descansabas la mirada y cerrabas los ojos, el antifaz los abría. Pero la mirada del antifaz era otra cosa. Contrastaba con la serenidad de tus ojos cerrados.Y al yo ser visto por esos ojos, ustedes -el antifaz y vos- me hacían partícipe de una escena que no entendía, y que al día de hoy se me sigue apareciendo en parte como un enigma.
Fue tal la impresión que me generó esa escena que cuando me desperté, salí a caminar por horas, cabizbajo, fuera del tiempo y a ningún lado. Pero eso no es todo, porque cuando agoté mis ideas para entenderte y me senté en el umbral, cansado y solo, lo vi. Vi al antifaz: tenía la forma de un avioncito de papel, con pliegues, igual al del sueño. Y creí que eras vos, al punto tal de aferrarme a él como nunca lo hice antes.
Hasta que vi que tu ojos no estaban ahí, ni abiertos ni cerrados, y entendí que no eras vos y que ya no volverías. En ese momento reemprendí mi caminata lenta, perdida, y mirándome los pies para no tropezarme otra vez con mis piernas, pero fundamentalmente con tu imagen. Solo.
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