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¿Y cuál es el mío? o, Acerca de una experiencia analítica

Tiempo de reír. Tiempo de arriesgar. Tiempo de callar. Tiempo de cargar. Tiempo de ver, y de escuchar. Tiempo de tomarse un tiempo. Tiempo de volver. Tiempo de devolver. Tiempo de dar. Tiempo de esperar. Tiempo de contestar. Tiempo de pensar. Tiempo de actuar. Tiempo de concentrar. Tiempo de desbandar. Tiempo de hablar. Tiempo de identificar. Tiempo de divisar. Tiempo de atravesar. Tiempo de recorrer. Tiempo de acortar distancias. Tiempo de caminar. Tiempo de mirar hacia atrás. Tiempo de hablar. Tiempo de sacar conclusiones. Tiempo de escuchar. Tiempo de mirarse al espejo. Tiempo de colocarse unos pasos más acá. Tiempo de mirar al otrx. Tiempo de escuchar, de nuevo. Tiempo de hablar. ¿Acaso alguien nos definió cuándo es el tiempo para todo esto?¿Cuál es el tuyo? Tiempo de odiar; tiempo de llorar. Tiempo de lamentarse y de empezar. Tiempo de olvidar. Tiempo de retomar. Tiempo de conceder. Tiempo de desencontrarse y de nadar. Tiempo de remar. Tiempo de cerrar. Tiempo de consensua...

Un mail a Hernán Casciari

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Hola Hernán ¿cómo estás? Te escribo mientras veo esta foto en tu página, ahí donde figura tu dirección de mail, así que te imagino con esa cara y en traje. Mi nombre es Joan Manuel, como Serrat, pero soy de Argentina y tengo 27 años. Me decidí a escribirte porque es domingo, son las diez de la mañana y mi novia está durmiendo. Te leo y te escucho desde hace un tiempo en Perros, y fui a verte el año pasado a Siranush. Te escribo porque me pasó algo que para mí es tu culpa, hace muy poco lo confirmé y te lo quiero contar. Escribo con intermitencias desde hace quince años, empecé cuando tenía doce. Es muy loco pero identifico el momento preciso en el que empecé a escribir. Fue la semana del 5 de agosto del 2002. Había escrito un discurso en la primaria para leer en el acto del 17 de agosto sobre San Martín, y desde ese momento recurrí a la escritura para expresarme. Desde ahí, durante muchos años soñé con ser escritor, y durante muchos otros sepulté ese sueño. Poesías, ...

Dolor y temblor

Vino temblor, pero nadie lo invitó. Vino dolor, y se trajo consigo algunos miedos. - Es que no sabían qué hacer y les dije que vengan, me dice el dolor. Pero la verdad es que tampoco lo llamé a él. Hasta que me decidí y les pregunté: -¿Quién les dio vela en este entierro?- Y ellos señalaron al unísono al reloj. Qué atrevido que es el tiempo, que trae a esta casa que no pedí, huéspedes que alguna vez vi de lejos, y que definitivamente no extrañaba.

Sombras

Los nudos en el estómago están hechos de palabras que hay que aprender a desenroscar y enhebrar. Y mi escritura es, siempre, sobre nudos. Por eso a veces me cuesta. A veces también siento algo que me duele muchísimo expresar, y que hasta me da miedo decir porque temo que caiga como rayo sentencioso sobre mi alma para siempre: siento que no merezco la poesía -qué miserable- y que el arte esquiva mis caminos y me tira furibundo en un mar seco. Concretamente, a veces tengo la sensación de que ciertas palabras se apresuran por no salir, como si el mar tuviera la opción de no dejarme bañar en él; como una boya que nunca puede terminar de sumergirse, ni en la tormenta más cabría. Y me digo a mí mismo: - cuánto policía del sentimiento ronda en estas calles. Pero vamos, que ya sé que la poesía está escrita en el alma, y en ese punto no somos más que intermediarios, cuerpos que apalabran para no morir tan pronto. Y sin embargo, las sombras me siguen dando miedo.

Esperar lo inesperado

* Interpretación de  Attendre l'inattendu . Esperó mucho tiempo para verla. Muchos dicen que fueron más de cien vidas lo que demoró el hallazgo. Tal vez fueron más, infinitamente más. Para mí, basta con sintetizarlo como una eternidad que de pronto se sintió efímera. El hecho es que abordó el tema durante mucho tiempo con templanza, tesón y valentía hasta que todo estuvo listo. Semejante acontecimiento no era para menos, aunque para ser justos, no era la primera vez que a través de un microscopio se gestaba una revolución. Cuando uno tiene un objetivo de este tipo, es fundamental darle tiempo para que madure, pues nada se logra de la noche a la mañana. Más bien a veces lleva muchas noches y muchas mañanas, y la tiranía del tiempo radica, entre otras cosas, en que a pesar de que no existe, se hace esperar. Y por eso esperó, esperó y de alguna manera preparó el terreno para que todo se diera de la forma más especial. Aquella investigadora había estudiado por más de cua...

Avioncito de papel II

* Interpretación de  Segunda entrega Papier d'appel Lo cansado que podía llegar a estar tu antifaz por las noches reflejaba el miedo de tu espíritu a andar desnuda de día. Todavía recuerdo cuando me lo dijiste en sueños. Eras negra, y sostenías el antifaz blanco de lo que no eras. Cuando abrías los ojos, el antifaz los cerraba, y tus ojos, no sé por qué, me miraban a mí. Y permanecías así, negra, con ojos blancos y rodeada de azul. Cuando descansabas la mirada y cerrabas los ojos, el antifaz los abría. Pero la mirada del antifaz era otra cosa. Contrastaba con la serenidad de tus ojos cerrados.Y al yo ser visto por esos ojos, ustedes -el antifaz y vos- me hacían partícipe de una escena que no entendía, y que al día de hoy se me sigue apareciendo en parte como un enigma. Fue tal la impresión que me generó esa escena que cuando me desperté, salí a caminar por horas, cabizbajo, fuera del tiempo y a ningún lado. Pero eso no es todo, porque cuando agoté mis ideas para entenderte y ...

Avioncito de papel

*Interpretación de    Primera entrega Papier d'appel Ruben caminaba cabizbajo, caminaba despacio. Surcaba hacia unas cuadras los límites de Boedo y San Cristobal. No estaba en sintonía consigo mismo: las partes de su cuerpo no brillaban, más bien cada una vibraba a un compás distinto, tempos desalineados, y la mirada perdida. Llegó a una esquina, giró a la izquierda y siguió hasta llegar al umbral. Una vez ahí, se sentó en el escalón de la puerta de entrada. Se miraba los pies y pensaba "la soledad es estar sentado en el umbral mirándose los pies". Sin embargo, no estaba solo: ella había estado ahí todo el tiempo, como un avioncito de papel que quedó aterrizado en el suelo sin que nadie lo levante. Cuando la vio, se aferró a ella como si hubiera alguna chance de que se hicieran uno con el contacto. Y en algún lugar, por un momento, esa fantasía se dibujó en la realidad con tinta invisible. Fue sólo cuestión de un segundo para que la postura y la mirada de Ruben camb...

Afeitar

Eso que buscaba era el sinsentido. La pieza que caotizaba de un modo hermoso todos los rompecabezas que dibujaba en su mente, y sobre los cuales sentía que no lograba jamás armar algo coherente, se acomodaban más acá o más allá de la razón después de un acto sin sentido. Y de pronto se levantó, y se fue a afeitar. Lo curioso es que no tenía barba.