Esperar lo inesperado
* Interpretación de Attendre l'inattendu.
Esperó mucho tiempo para
verla. Muchos dicen que fueron más de cien vidas lo que demoró el hallazgo. Tal
vez fueron más, infinitamente más. Para mí, basta con sintetizarlo como una
eternidad que de pronto se sintió efímera.
El hecho es que abordó el
tema durante mucho tiempo con templanza, tesón y valentía hasta que todo estuvo
listo. Semejante acontecimiento no era para menos, aunque para ser justos, no
era la primera vez que a través de un microscopio se gestaba una revolución.
Cuando uno tiene un objetivo de este tipo, es fundamental darle tiempo para que
madure, pues nada se logra de la noche a la mañana. Más bien a veces lleva
muchas noches y muchas mañanas, y la tiranía del tiempo radica, entre otras
cosas, en que a pesar de que no existe, se hace esperar.
Y por eso esperó, esperó y
de alguna manera preparó el terreno para que todo se diera de la forma más
especial.
Aquella investigadora
había estudiado por más de cuarenta años el fenómeno, y en ese tiempo se
licenció, se magisterizó, se doctoró y posdoctoró, y también cotidianamente se
desveló, se durmió, se enamoró, se decepcionó, lloró de tristeza, se volvió a
enamorar, rio, lloró de alegría y se angustió. Llegando los últimos años meditó
mucho, y más que todo eligió seguir haciendo lo que amó, para lo cual al mismo
tiempo se desapegó, se desprendió y comprendió, y también desarrolló una mente
calma para aceptar lo inevitable. Pero por sobre todas las cosas, construyó la
certeza de que lo importante era fundamentalmente el camino recorrido para
llegar al objetivo. Y aquel día tenía la atención enfocadísima en la tarea, aun
tras muchas desilusiones al respecto.
Se podría pensar que su
recorrido emocional transitó un camino independiente al de sus avances en el
laboratorio, ámbito en el que sentó las verdaderas condiciones para que
sucediera el acontecimiento. Sin embargo, yo tengo para mí que en realidad fue
al revés. Semejantes procesos afectivos fueron pasos clave para el hallazgo, y
sólo así fue como aquella molécula de vida, que asomaba sobre el portaobjetos
del microscopio, juzgó adecuadas las condiciones para presentarse frente a
semejante humana. Sí, hay evidencia sobrada para juzgar que había sido la
molécula -cuyo hallazgo había motorizado la búsqueda por años- la que esperó a
aquella mujer que pasó días y noches de principio a fin en el laboratorio
investigando y tratando de entender cómo encontrarla, y fundamentalmente, qué
hacer con ella, hasta que en ese segundo donde todo se vio distinto, se
traslució a través del dispositivo óptico, y le susurró: "hola, soy el
alma, y estaba esperándote".
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