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Roma, Jimena, el Cacerolero y David Bowie

Unos días antes de la fecha estimada de parto, él ya dejaba un bolso con ropa de bebé y artículos de higiene en el auto, para cuando Jimena rompiera bolsa y tuvieran que salir a la clínica. Ya habían hablado con las familias de ambos y aclarado tantos importantes: "no queremos que nos rompan las bolas, nosotros los llamamos para que vengan cuando estemos listos". Adicionalmente, él había llevado una lista de reproducción en su teléfono, para que Jimena la escuchara durante el parto y pudiera relajarse. Querían que fuera perfecto. Ella, por su parte, había elegido los temas: era íntegramente de David Bowie.  La hija se llamaría como la ciudad preferida de los dos: Roma. En realidad, a Jimena también le gustaba Amsterdam, pero era medio un quilombo ponerle así a una piba. El tiempo se esfumó entre ansiedades y expectativas, y el momento del trabajo de parto llegó. Finalmente estaba por nacer la hija de Jimena y de su novio, alias "el Cacerolero", según los comp...

La angustia. Microrrelato visual

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Puñado de otr@s

Después de unos cuantos años, me he dado cuenta de que al fin y al cabo uno siempre sólo tiene su cuerpo, y el puñado de otros y otras que lo acompañan en esa aventura extraña que es la subjetividad. Y después, el mundo.

Acerca del arte y su utilidad

Un amigo que escribe dijo: yo no soy más que un mago de un par de trucos. Me preocupo en aprenderle bien las jugarretas a los que juzgo mejores que yo, con el objetivo de incorporar sus mecanismos de prestidigitación, y ofrecer un momento grato a quienes me leen o me escuchan. Tal es así que al hacer mis trucos, nunca aparece nada que no hubiera existido desde antes. En definitiva, se trata de una experiencia estética, visual, una puesta en escena. Un palabrerío. No sería faltar a la verdad decir que, quien escribe, lanza una mentira a la fuente, a ver si así pasa algo. Y en eso pasa la cosa. A veces no pasa nada, y qué joda, eh. Por mi parte, decí que nací después de Cortazar, después de García Marquez, de Amano (Yoshitaka), y del Dream Team japonés de Square, que viene a ser un grupete de tipos que hacían varias cosas bien, como escribir, dibujar, diseñar. Sino, no sabría lo que sé. Sabría otra cosa, supongo. Que, la verdad, tampoco sé mucho, pero los trucos que ellos tenían eran bue...

¿Y cuál es el mío? o, Acerca de una experiencia analítica

Tiempo de reír. Tiempo de arriesgar. Tiempo de callar. Tiempo de cargar. Tiempo de ver, y de escuchar. Tiempo de tomarse un tiempo. Tiempo de volver. Tiempo de devolver. Tiempo de dar. Tiempo de esperar. Tiempo de contestar. Tiempo de pensar. Tiempo de actuar. Tiempo de concentrar. Tiempo de desbandar. Tiempo de hablar. Tiempo de identificar. Tiempo de divisar. Tiempo de atravesar. Tiempo de recorrer. Tiempo de acortar distancias. Tiempo de caminar. Tiempo de mirar hacia atrás. Tiempo de hablar. Tiempo de sacar conclusiones. Tiempo de escuchar. Tiempo de mirarse al espejo. Tiempo de colocarse unos pasos más acá. Tiempo de mirar al otrx. Tiempo de escuchar, de nuevo. Tiempo de hablar. ¿Acaso alguien nos definió cuándo es el tiempo para todo esto?¿Cuál es el tuyo? Tiempo de odiar; tiempo de llorar. Tiempo de lamentarse y de empezar. Tiempo de olvidar. Tiempo de retomar. Tiempo de conceder. Tiempo de desencontrarse y de nadar. Tiempo de remar. Tiempo de cerrar. Tiempo de consensua...

Audio para un amigo

Recién me acordé de vos, che ¿Cómo andás? Estaba viendo los camiones, los tractores frenados, el verde que va tomando el paisaje, el pasto, mucho pasto, medio amarillo por partes, y con yuyos, y algún resto de tren, cada tanto, por ahí. Me acordé de vos porque sé que te gustaría todo esto. Hace rato no salís de la ciudad, y estas cosas te llenan el tanque. Los cipreses, los álamos, algún caballito por ahí, comiendo pasto. Cuánto pasto que hay, no sabés. Tanto que todo el pasto parece un sólo pasto, tanto yuyo un sólo yuyo, y así. Veo todo esto, y no entiendo cómo fue que nos dimos cuenta de semejante cosa. Cómo pudimos ver que podíamos llevar un pedazo de tierra en las manos, y en la tierra un yuyo, y que siga creciendo y respirando, y tomando agua, y viviendo. O bueno, tal vez en una maceta, que es más práctico, pero el punto persiste, y en todo caso se acrecienta, porque ya ni siquiera necesitamos las manos para sostenerlo y llevarlo y dejarlo en nuestra tierra. Que igual, yo no ...